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¿ES JESÚS COMO LO PINTAN?

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En los últimos años se ha vuelto cada vez más común encontrar en nuestras iglesias imágenes que pretenden representar a Dios Padre, a Jesucristo o al Espíritu Santo. Algunas muestran al Padre como un anciano, al Hijo mediante un determinado rostro humano y al Espíritu Santo en forma de paloma. Aunque muchas veces estas representaciones se utilizan con una intención aparentemente piadosa o pedagógica, la tradición presbiteriana y reformada histórica ha sido mucho más cuidadosa y, en términos generales, rechaza la elaboración de imágenes destinadas a representar a cualquiera de las Personas de la Trinidad. La razón fundamental no es un desprecio por el arte ni por la belleza, sino la convicción de que Dios mismo ha determinado cómo debe ser conocido, representado y adorado. Intentaré ir de las Escrituras a nuestros Símbolos doctrinales: EL TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS En primer lugar, el segundo mandamiento prohíbe representar a Dios. El punto de partida se encuentra en Éxodo 20:4-5: “N...

INTERCEDAMOS POR NEPAL

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Debemos reconocer que toda la creación está bajo la soberanía de nuestro Creador y que, a causa de la entrada del pecado, la creación entera gime y sufre, esperando la redención final (Romanos 8:19-22). No debemos atribuir cada tragedia a un pecado específico de quienes la padecen, porque nuestro Señor Jesucristo nos enseñó que las calamidades no deben llevarnos a señalar a determinadas personas como más pecadoras que otras, sino a reconocer nuestra propia necesidad de arrepentimiento y de buscar a Dios (Lucas 13:1-5). También habremos de reconocer que Dios gobierna sobre todas las cosas según el consejo de su voluntad (Efesios 1:11). Aunque muchas veces no comprendemos sus propósitos, confiamos en que es bueno, justo y sabio, y que aun en medio del dolor puede obrar para llamar a los hombres hacia Él, despertar compasión entre los pueblos y recordarnos que nuestra esperanza definitiva no está en este mundo presente, sino en Jesucristo y en la nueva creación que Él ha prometido. Roguem...

LA INPM CONFESIONAL O SEMI-CONFESIONAL

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Existe una paradoja preocupante en nuestro tiempo: En nuestra iglesia nacional  continuamos llamándonos confesionales, conservamos nuestros símbolos doctrinales y, sin embargo, en la práctica nos hemos convertido en una denominación “semi-confesional”. Es decir, confesamos doctrinas con nuestros labios, pero no siempre permitimos que esas doctrinas gobiernen nuestra predicación, nuestra enseñanza, nuestro culto, nuestra disciplina y nuestra vida eclesiástica. Una iglesia verdaderamente confesional no considera la confesión simplemente como un documento histórico que debe conservarse. La confesión expresa aquello que la iglesia cree que la Biblia enseña y, por tanto, debe funcionar como una norma doctrinal subordinada a la autoridad suprema de la Escritura. El problema comienza cuando la confesionalidad se vuelve selectiva. Aceptamos algunas doctrinas de la confesión porque resultan convenientes, mientras que otras las consideramos secundarias, anticuadas o incluso incómodas. Entonc...

LA EXPERIENCIA DE LA DERROTA

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  “Y Jehová dijo a Josué: levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro?” (Josué 7:10)   No conozco a nadie que le guste perder. Nunca he escuchado un grito eufórico de alguna persona o equipo que al experimentar la derrota exclamé ¡Sí, perdimos! ¡Yei!, y se abracen unos a otros con gran alegría. Las derrotas son muy serias para nosotros y cada vez las experimentamos más continuamente. Planeamos algo y no nos sale, invertimos y perdemos, tomamos los asuntos en nuestras manos y somos derrotados. No hemos sido preparados para vivir con el fracaso. Incluso nuestro lenguaje cristiano nos demanda que avancemos de victoria en victoria, sin embargo, cuando experimentamos la derrota en proyectos personales o grupales, el valor que tenemos de nosotros mismos se ve afectado y con mucha facilidad nos llenamos de cenizas, rasgamos nuestras vestiduras y nos metemos en una situación de desánimo y pesimismo.   En el pasaje de referencia vemos a los israelitas eufóricos por el t...

LA SUFICIENCIA DE LAS ESCRITURAS

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    “La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón; el mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos. El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre;  los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos.” (Salmo 19:7-9 LBLA)   Con frecuencia buscamos algo que cubra nuestras necesidades emocionales, le dé dirección a nuestra vida, nos genere contentamiento y nos instruya con sabiduría. Para cada una de estas necesidades recurrimos a fuentes y disciplinas diversas. Para nuestra necesidad emocional podemos recurrir a la psicología, para obtener dirección de nuestra vida no hay mejor cosa que los libros de autoayuda o un buen curso de “coaching”, para alegrar el corazón tenemos una variedad de recursos que van desde una buena película inspiradora hasta un logro profesional o económico y para tener una instrucción precisa...

EL MERCADO DE PREDICADORES

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  “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Timoteo 4:3, 4)   Cuando era pequeño me gustaba ir a la “kermés” que se organizaba en la escuela o, en ocasiones, en la iglesia. Podía recorrer el lugar y escuchar la invitación de quien ofrecía alimentos típicos mexicanos, o dejarme seducir por los emocionantes juegos que me invitaban a explotar globos con pequeños dardos o lanzar aros con la intención de que atinaran a las botellas. Cada puesto me invitaba a participar en su oferta y de repente había momentos de indecisión para resolver a quien oír y a quién acudir.   En estos tiempos de semi aislamiento, en los que no podemos asistir a la iglesia por causa de esta pandemia, los medios digitales se han convertido en el gran patio en el que se ha instalado una especie de “kermés” de proclamadores...

NO SE AFANEN

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  “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Mateo 6:25)   La situación en la que vivimos no parece cambiar y, en lugar de ver una mejoría, todo parece que las cosas irán peor en muchos sentidos. La economía podría paralizarse y con esto nuestro poder adquisitivo disminuiría, cada vez costaría más trabajo satisfacer nuestras necesidades primarias como comer, beber o vestirnos y nuestro nivel de vida se iría disminuyendo. Esto nos traería problemas con los pagos recurrentes que tenemos y que no pueden parar y el escenario de una inminente pobreza a causa de la escasez nos llevaría a una situación emocional bastante seria.   ¿Qué comeremos el día de mañana si se recrudece la crisis? ¿Cómo pagaremos la renta si perdemos el trabajo? ¿Qué vamos a hacer cuando todo esto colapse? Éstas y otras preguntas vienen ...