LA INPM CONFESIONAL O SEMI-CONFESIONAL
Existe una paradoja preocupante en nuestro tiempo: En nuestra iglesia nacional continuamos llamándonos confesionales, conservamos nuestros símbolos doctrinales y, sin embargo, en la práctica nos hemos convertido en una denominación “semi-confesional”. Es decir, confesamos doctrinas con nuestros labios, pero no siempre permitimos que esas doctrinas gobiernen nuestra predicación, nuestra enseñanza, nuestro culto, nuestra disciplina y nuestra vida eclesiástica.
Una iglesia verdaderamente confesional no considera la confesión simplemente como un documento histórico que debe conservarse. La confesión expresa aquello que la iglesia cree que la Biblia enseña y, por tanto, debe funcionar como una norma doctrinal subordinada a la autoridad suprema de la Escritura.
El problema comienza cuando la confesionalidad se vuelve selectiva. Aceptamos algunas doctrinas de la confesión porque resultan convenientes, mientras que otras las consideramos secundarias, anticuadas o incluso incómodas. Entonces sucede algo peligroso: la confesión permanece en el papel, pero deja de tener verdadera autoridad en la conciencia de nuestra iglesia.
Podemos seguir diciendo que somos una iglesia reformada, presbiteriana y confesional, pero si en la práctica permitmos que las modas teológicas, las preferencias personales, las tendencias culturales o determinadas corrientes contemporáneas tengan mayor influencia que nuestra confesión doctrinal, nuestra confesionalidad comienza a diluirse.
Esto no significa que debamos negarnos a pensar, estudiar o dialogar con otras posiciones. Tampoco significa que la confesión esté por encima de la Biblia. La Biblia es la Palabra de Dios y nuestra autoridad suprema; la confesión es una declaración humana, pero histórica y doctrinalmente responsable, de cómo entendemos las enseñanzas de esa Palabra.
Por eso debemos preguntarnos con honestidad:
¿Somos realmente una iglesia confesional o solamente una iglesia que tiene una confesión?
La diferencia es enorme.
Tener una confesión significa poseer un documento. Ser confesional significa permitir que la doctrina confesada moldee la identidad de la iglesia.
Esto tiene consecuencias concretas. Como iglesia confesional deberíamos preguntarnos qué creemos acerca de Dios, de Cristo, de la salvación, de la iglesia, de los sacramentos, del culto, de la autoridad de la Escritura, de la ley de Dios y de la vida cristiana. Pero no solamente deberíamos preguntarlo en nuestros documentos, sino también en nuestros púlpitos, seminarios, escuelas de formación cristiana y reuniones de Consistorio, Sínodos y Asamblea.
El peligro de la “semi-confesionalidad” es precisamente que la iglesia termina conservando el lenguaje de la Reforma mientras perdemos progresivamente su contenido.
Podemos conservar los nombres de nuestros antepasados, citar a Calvino, mencionar Westminster y mantener una confesión en nuestros libros de gobierno, pero si ya no pensamos confesionalmente, nuestra identidad se convierte poco a poco en una herencia estética más que doctrinal.
Por eso necesitamos recuperar una confesionalidad bíblica, consciente y humilde. No una confesionalidad que use la doctrina como arma para dividir innecesariamente, sino una que nos ayude a permanecer firmes en “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3).
La pregunta no debería ser solamente: “¿Tenemos una confesión?”
La pregunta más importante es:
“¿La INPM vive de acuerdo con lo que confiesa?”
Porque una iglesia confesional no es aquella que simplemente posee una confesión, sino aquella que procura creerla, enseñarla, predicarla y vivirla, siempre sometiendo todo lo que confiesa al señorío y a la autoridad de la Palabra de Dios.
Si hemos llegado a ser una iglesia “semi-confesional”, no necesitamos abandonar nuestra confesionalidad. Necesitamos recuperarla. Y recuperarla no significa regresar simplemente al pasado, sino volver a tomar con seriedad aquello que confesamos delante de Dios y de los hombres.
Una iglesia que pierde su doctrina termina perdiendo también su identidad. Pero una iglesia que vuelve a la Escritura y recupera una confesionalidad viva puede volver a proclamar con claridad, convicción y humildad:
Tenemos dos opciones, o nos acercamos con más celo a los Símbolos Doctrinales que aparecen en la Constitución de la INPM, o para ser más congruentes, los eliminamos en una reunión legislativa y que cada quien crea lo que le parezca más conveniente. EGT

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