INTERCEDAMOS POR NEPAL


Debemos reconocer que toda la creación está bajo la soberanía de nuestro Creador y que, a causa de la entrada del pecado, la creación entera gime y sufre, esperando la redención final (Romanos 8:19-22). No debemos atribuir cada tragedia a un pecado específico de quienes la padecen, porque nuestro Señor Jesucristo nos enseñó que las calamidades no deben llevarnos a señalar a determinadas personas como más pecadoras que otras, sino a reconocer nuestra propia necesidad de arrepentimiento y de buscar a Dios (Lucas 13:1-5).

También habremos de reconocer que Dios gobierna sobre todas las cosas según el consejo de su voluntad (Efesios 1:11). Aunque muchas veces no comprendemos sus propósitos, confiamos en que es bueno, justo y sabio, y que aun en medio del dolor puede obrar para llamar a los hombres hacia Él, despertar compasión entre los pueblos y recordarnos que nuestra esperanza definitiva no está en este mundo presente, sino en Jesucristo y en la nueva creación que Él ha prometido.

Roguemos por el pueblo de Nepal. Que nuestro Dios tenga misericordia de quienes han perdido sus hogares, sus bienes y, especialmente, a sus seres queridos. Que consuele a quienes lloran, que fortalezca a los heridos, que proteja a los equipos de rescate y que conceda sabiduría a quienes tienen responsabilidades de ayudar y gobernar.

Roguemos para que el Señor despierte en su Iglesia un corazón compasivo y generoso para socorrer a quienes sufren. Que abra puertas para que los cristianos puedan llevar ayuda material, esperanza y el mensaje del Evangelio a quienes se encuentran en medio de esta aflicción.

Roguemos para que a nosotros el Señor nos enseñe a no ser indiferentes ante el sufrimiento humano. Que estas tragedias nos recuerden la fragilidad de nuestra vida, la realidad de un mundo quebrantado por el pecado y la necesidad que todos tenemos de Cristo.

Roguemos para que el Señor nos haga mirar a Aquel que es nuestra esperanza segura, Jesucristo, quien un día hará nuevas todas las cosas y en cuya presencia «ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor..» (Apocalipsis 21:4). EGT


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